martes, 8 de julio de 2014

Y... en ese momento mágico... ¡me volví a enamorar!

Os explicaré una historia:

"Una joven médico de familia hace unos meses que conoce a la Sra.Carmen. Carmen es propietaria de una tienda de aquellas de toda la vida, no se casó nunca y no tuvo hijos. Tampoco tiene hermanos. Aún así, tiene algunos primos y amigos que le tienen aprecio y la cuidan. Desde hace unos meses que ellos la notan más despistada, más repetitiva, parece que ha perdido algunas de la capacidades para encargarse de la tienda, llevar las cuentas... incluso de cocinarse... 


Carmen visita a su médico de cabecera - ¡muy joven, por cierto!- aunque no entiende muy bien porque: es cierto que tiene algunos olvidos... pero... ¡se hace mayor! ¡es lo normal! Su doctora, con todo el respeto y cariño posible, estudia el deterioro cognitivo de la Sra.Carmen a la vez que le ayuda a adaptarse a los cambios que está viviendo. ¡No es fácil! ¡Carmen siempre ha tenido mucho carácter!

Hace unos dias que han dado el alta hospitalaria al Sr.Ramon. Ramon es un hombre que no está casado, no tiene hijos ni familia cercana excepto una prima que vive en el pueblo y sus vecinos. A Ramon le gusta vivir en su casa, que está apartada del núcleo urbano pero que a  él le permite cuidar de sus animales y del huerto. Hace unas semanas, Ramon se cayó en su propia casa, estaba solo y no recuerda exactamente ni cómo pasó ni cómo llegó al hospital. Su doctora de cabecera lee con cierta preocupación el informe del alta del Sr.Ramon... ¿Cómo cuidaremos del Sr.Ramon si vive sólo y alejado? En el informe, la trabajadora social que lo visitó en el hospital comenta que existe una prima que se ocupa de él... La joven médico de familia hoy tiene una cita programada con el Sr.Ramon después del alta del hospital.

La joven doctora abre la puerta de su consulta y avisa al Sr.Ramon para que pase. Ramon entra en la consulta acompañado de Carmen, la única familia cercana que tiene y que siempre ha cuidado de Ramon..."




En aquel preciso instante... en aquellos segundos entendí los lazos familiares de esas dos personas y pude entrelazar sus historias vitales... Y... en ese momento mágico ¡me volví a enamorar de la medicina de familia! Somos los médicos de familia los únicos profesionales que tenemos la suerte, si queremos, de conocer a las personas en todas sus dimensiones: física, mental, espiritual, familiar y social. En aquel momento yo entendí que esas dos personas sólo se tenían la una a la otra y no se podían fallar, ¡no podían estar enfermos! Y también entendí, lo afortunada que soy de que me abran la puerta de su casa - de sus corazones - y me inviten a pasar.



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